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Superliga: ¿fútbol o dinero?

Decía el escritor inglés Chesterton: “Cuando aparecen las últimas noticias, leed las más antiguas que podáis encontrar”.

La Copa de Europa nació en 1955 por la imaginación de un periodista francés del diario L`Equipe, Gabriel Hanot, que soñando con encuentros en los que se enfrentaran los mejores equipos del Continente europeo, elaboró en 1954 un informe que, con modificaciones posteriores, se convertiría en el primer Reglamento de la competición en febrero de 1955.

El informe de Hanot generó los recelos del fútbol nacional, que siendo una válvula de escape en aquellas depauperadas sociedades de la posguerra mundial, en que Europa parecía un asilo de indigentes, sin embargo, mostraba un acertado camino para cohesionar el Viejo Continente mediante una competición deportiva de semejante envergadura. A cicatrizar heridas y a olvidar los desastres bélicos contribuiría también otra iniciativa cultural de ámbito europeo como el Festival de la Canción de Eurovisión, que nacería casi a la par que la Copa de Europa, en 1956.

Resulta curioso que en ambos eventos competitivos, la clave para su impulso y consolidación fuera la Unión Europea de Radiodifusión (UER). Aquél Real Madrid, cinco veces seguidas ganador del naciente título, se convirtió en un fenómeno de masas conocido en toda Europa, gracias al expansivo poder de las ondas y de la imagen. Por entonces, muy pocos imaginaban la catarata de dinero que resultaría de fusionar Copa de Europa y publicidad.

Hoy, al panal de rica miel de los derechos televisivos, se acercan algunos con la propuesta de una nueva competición futbolística en Europa. Como antaño, vuelven recelos en las Ligas nacionales; también en las todopoderosas organizaciones del fútbol europeo, que se resisten a perder el control de lo que es un negocio. Una Superliga como la que se propone podría acarrear el desinterés sobre los campeonatos nacionales y, a la larga, la ruina del propio fútbol.

No es pecar de romántico, pero siempre resultará conveniente que el jugador de fútbol sea más un deportista que un trabajador o que un comerciante del deporte. Y que el fútbol sea más un juego deportivo que desate pasiones, que un espectáculo masivo que mueva grandes cantidades de dinero procedentes de la publicidad y de las apuestas. A veces, la avaricia rompe el saco.

¿No será más atinado reformar con mejoras una Liga de Campeones que año tras año gana más seguidores en todo el mundo?

Fuente gráfica: L´Equipe. Blog.

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