Entrenadores: artesanos del fútbol

13 May 2021 | Blog

Ser entrenador de fútbol no se improvisa.

Se necesitan muchas horas de trabajo. También grandes dosis de psicología, fino sentido analítico, amor al estudio y a la estadística, y cierta sangre fría. Un entrenador es un hombre expuesto a los éxitos y a los fracasos. Y cuando éstos llegan, hay que estar preparado. Decía el mítico Stefan Kovács, que los triunfos son pasajeros, pero queda el trabajo realizado, y de ese, un entrenador siempre es responsable.

Al rumano Kovács le bastaron dos años para alcanzar la cima del éxito como entrenador europeo en la década de los 70. Con aquél legendario Ajax de Amsterdam conquistó dos Ligas y una Copa en Holanda, y dos Copas de Europa y una Intercontinental, llegando a ser posteriormente seleccionador nacional de Francia. En el club holandés logró conformar un sólido bloque que jugaba un fútbol de asociación. Como solía decir él mismo, el triunfo del Ajax es el de la colectividad porque las individualidades lo son en función del equipo (Cruyff, Neeskens, Keizer…) de forma que cuando falta alguno de los grandes jugadores, el conjunto no se resiente. Basó su sistema de juego en la idea crucial de que el futbolista ha de trabajar en función de sus obligaciones. Y éstas se sujetan a una serie de reglas entre las cuales, la principal es que el jugador debe olvidar su brillo personal para hacer notorio el del equipo.

Kovács logró ese difícil equilibrio entre los triunfos y la brillantez en el juego. El fútbol, según él, es un juego, incluso, a nivel de alta competición. Y se juega para ganar. Pero a veces, al triunfo no le acompaña la brillantez. Pero si se pregunta al aficionado qué es lo que quiere de su equipo, contesta que el triunfo, los trofeos.

Pasan los años, y los entrenadores se siguen planteando la eterna cuestión: ¿fútbol espectáculo o fútbol práctico? Unos seguirán apostando por un juego de ataque y generador de goles que entretenga al espectador; otros dirán que resulta mejor defender y ganar un partido que atacar y no conseguir la victoria. Lo único cierto es que sin goles, no hay espectáculo en el césped ni alegría en las gradas. Todo queda en manos de artesanos.